Servicio (Satisfacción del Cliente)

Escribo desde un avión de la TAP, donde acabo de experimentar aquello que evidencia la falta de atención al cliente.

Es importante recordar a todos los colaboradores que sin clientes ninguna empresa existiría. De esta manera, todos los esfuerzos se concentrarán en conseguir la máxima satisfacción de aquel que, de una manera u otra, paga parte de nuestro salario.

La coyuntura actual no está para muchas florituras, por lo que no nos podemos permitir la osadía de perder ni un cliente, ¡pero ni uno! Porque, si no es con nuestra empresa, ese cliente obtendrá lo que esperaba con otra.

Encantado de que lo pasen a sus colaboradores.

 

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Absentismo

Hace unos días me sorprendía gratamente la noticia que gobiernos autonómicos, en este caso País Vasco y Madrid (los otros parece que no tenían la intención aún), empezaban a poner coto al absentismo. ¡Ya era hora! Porque, ¿quien puede gestionar un organismo o una empresa con personas que no se presentan a trabajar con bastante asiduidad?

Evidentemente hablo de los “absentistas profesionales”. ¡Esos que pueden llevar el ratio hasta los valores del 11,3% entre los funcionarios de esas comunidades! Para que nos entendamos, más de 1 de cada 10 empleados no va a trabajar cada día.

Ya hablé anteriormente de la cultura del esfuerzo. Nos falta mucho por avanzar en ese sentido en nuestro país. Seguimos pensando que “alguien” nos va a mantener a pesar de que las cosas vayan mal. Pues no es así.

Espero que los sindicatos empiecen a darse cuenta de la aportación que pueden hacer en este campo, ya que es muy necesaria. La famosa competitividad necesita de aspectos laborales tan importantes como este. El coste para las empresas es enorme.

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Cuidar a los colaboradores

Según el Club de Benchmarking de IE Business School, hay una serie de indicadores que muestran la relación directa entre los resultados de la empresa y la gestión eficaz de sus personas:

  Nivel de Beneficio bruto (EBITDA)/empleado
Bajo Alto
Empleados que participan en formación (%) 63 78,5
Horas trabajadas dedicadas a formación (%) 1,3 2,0
Inversión en formación por empleado (€) 266,6 902,4
Plantilla fija (%) 80,2 95,8
Empleados con dirección por objetivos (%) 33,6 57,5
Empleados con evaluación del desempeño (%) 45,9 68,4
Empleados con retribución variable (%) 47,7 65,5
Tasa de rotación voluntaria (%) 9,4 2,7

Si alguien se cuestiona aún que la gestión eficaz de las personas de la empresa y la búsqueda de su satisfacción en el desempeño de sus funciones dentro de la organización es algo “naif”, es que es un “empresaurio”…

Y si piensa así, perderá, en un abrir y cerrar de ojos, el poco talento que tenga entre su personal cuando la situación económica mejore.

 

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Low Cost e innovación en el modelo de negocio

Empresas low cost reconocidas, de diferentes sectores económicos, sólo han podido conseguir su éxito actual a través de un profundo proceso de innovación en el replanteamiento de su modelo de negocio, y no únicamente por una drástica reducción de costes.

Hace unos días pude leer un articulo de opinión en un diario económico nacional firmado por Oswaldo Lorenzo de la Deusto Business School, titulado “El éxito de las low cost”. En ese articulo se rompía el paradigma que asocia “low cost” a únicamente reducción de costes y a empleos basura.

“Low cost” debe estar asociado a innovación en el modelo de negocio, a cambio radical en la manera de gestionar la empresa y de generar beneficios para todas las partes interesadas en su funcionamiento (stakeholders): clientes, empleados, accionistas, y la propia sociedad.

Pero innovación y cambio son vocablos que nuestros empresarios se resisten a incluir en su léxico cotidiano. Esto refleja la falta de flexibilidad y de adaptación que nuestras empresas tienen a las alteraciones profundas que esta crisis económica esta provocando en los hábitos y comportamientos de los clientes y consumidores.

Sólo mediante la adaptación del modelo de negocio de la empresa (cómo se genera el dinero) y del modelo de gestión (cómo funcionamos y actuamos) llegaremos a conseguir beneficios a todos nuestros “stakeholders”. En la actualidad, el criterio principal de elección de un producto o servicio es el precio (la calidad ya se sobreentiende que debe estar), y creo que va a ser así durante algunos años (hay expertos que pronostican que por lo menos de 5 a 10 años).

Está demostrado que tan solo con eliminar gastos superfluos y reducir costes no es suficiente para asegurarse la supervivencia económica (sostenibilidad). Para ser “low cost” hay que hacer bastante más. Y es eso que han interpretado muy bien empresas de diferentes sectores (aerolíneas, distribución, banca, etc.). Han apostado claramente por un modelo de negocio donde la propuesta de valor que ofrece es la que el cliente necesita (precio), y por ello consiguen atraer a más clientes cada vez, generar beneficios económicos continuos desde hace unos años, y mantener una buena satisfacción del empleado.

Pero no se puede ser una empresa low cost sin adaptar el modelo de gestión, que es el que ayuda a confeccionar esa propuesta de valor de la manera más eficaz y más eficiente posible. Es aquí donde las técnicas de Gestión Lean ayudan a cualquier empresa industrial o de servicios a aumentar la productividad, a implicar más a los colaboradores y a flexibilizar sus operaciones a la demanda de los clientes.

Quiero concluir diciendo que, para ser “low cost” no hay que recortar costes únicamente. El precio es lo que más valora el cliente ahora, y también va a ser así en los próximos años. Por eso hay que innovar y adaptar el funcionamiento de la empresa para saber cómo generar ese valor que espera el mercado.

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¡Actuar!

Muchos acontecimientos económicos actuales me inspiran a tratar este tema, que también encuentro habitualmente en el mundo empresarial. Esto es, la necesidad de decision y de actuación que debe movilizar los esfuerzos de un grupo de personas. No importa que hablemos de un país, de un área economica, o de una empresa. Supongo que respecto a los dos primeros, los lectores ya saben a lo que me refiero, aunque no quiero entrar en otros temas en este blog que no sean los estrictamente empresariales.

Como digo en mis actuaciones con mis clientes, no puedo aceptar que ante una situación de relevancia para la empresa no haya una actuación inmediata que permita aprovecharla, tanto si ésta es negativa como positiva. Porque, aunque esa situación no sea buena, hay que desencadenar rápidamente las acciones necesarias para limitar ese impacto negativo en la actividad del negocio, y evitar, así, la “hemorragia” que puede representar no hacer nada, o tardar en reaccionar.

Siempre me ha gustado la manera de afrontar los problemas que tienen los japoneses, al considerar que éstos son como “una mina de tesoros”. Es enorme la positividad que hay en esta afirmación: ¡cuánto se puede aprender al tratar a fondo lo que no funciona bien!

También, no permito a mis clientes desaprovechar las buenas oportunidades, ya que éstas no se presentan con asiduidad y pueden permitir tener una ventaja competitiva que nunca debe ser desconsiderada.

Cuando desde la dirección se decide y se actúa, además de movilizar a las personas de la organización,  se están dando muchos mensajes:

- los temas no deben dar vueltas innecesarias.

- los problemas están para ser resueltos.

- las oportunidades hay que aprovecharlas.

- las actuaciones requieren “movimiento”

- los movimientos tienen que ser dirigidos por los datos.

- los datos nos tienen que ayudar a coordinadar un plan de acciones.

- etc.

Por esa razón, aunque siempre exista riesgo inherente en cualquier decisión y actuación posterior, aconsejo a los directivos de las empresas a que no tengan miedo, y que aunque se equivoquen, tengan muy claro que es malo para su negocio retardar la accion, y aún peor, no hacer nada.

 

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